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Se estanca el crecimiento de la economía mundial: hay que tomar mejores medidas políticas y financieras, y remar unidos

Ene 13, 2022

Tras un periodo favorable de recuperación económica mundial con un crecimiento del 5,5% en 2021, el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU prevé que la actividad mundial crecerá un 4% en 2022 y un 3,5% en 2023.

El informe de Perspectivas de la Economía Mundial de las Naciones Unidas apunta a un cuarteto de factores como los principales causantes de este descenso: las nuevas oleadas de infecciones por COVID-19, los persistentes retos del mercado laboral, los prolongados desafíos relacionados con las cadenas de suministros y las crecientes presiones inflacionistas.

Pese a la sólida mejoría de los registros económicos durante el año pasado, impulsados por un elevado gasto de los consumidores y un cierto repunte de la inversión junto a un comercio de bienes que superó los niveles anteriores a la pandemia, el crecimiento se desaceleró considerablemente a finales de 2021, especialmente en China, Estados Unidos y la Unión Europea.

Esta ralentización se debió en parte a la etapa final de los paquetes de estímulo económico y fiscal, y a importantes interrupciones en las cadenas de suministros.

En un periodo de recuperación mundial “frágil y desigual”, el informe llama a “tomar medidas políticas y financieras mejor orientadas y coordinadas a nivel nacional e internacional», tal y como apunta el Secretario General de la ONU, António Guterres.

«Ha llegado el momento de cerrar las brechas de desigualdad tanto dentro de los países como entre ellos. Si trabajamos de forma solidaria -como una sola familia- podemos conseguir que 2022 sea un año de verdadera recuperación para las personas y las economías», anheló.

El secretario general adjunto del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales, Liu Zhenmin, destacó que no se podrá lograr una recuperación “inclusiva y sostenible” de la economía mundial “sin un enfoque global coordinado y continuo para detener el COVID-19 que incluya el acceso universal a las vacunas”.

FAO

Un grupo de agriculturas cultivan quinoa en la región de los Andes, en América Latina.

América Latina: La recuperación no es suficiente para restablecer el deterioro de la pandemia

En América Latina y el Caribe, el crecimiento del PIB se prevé en un 2,2% en 2022, un registro lejano al 6,5% alcanzado en 2021.

La rápida recuperación se vio favorecida por los importantes avances en materia de vacunación, que permitieron a los gobiernos suavizar las restricciones y reabrir sus economías.

A principios de diciembre de 2021, dos de cada tres personas habían recibido al menos una dosis de la vacuna, aunque las disparidades entre países seguían siendo grandes.

Además, la región se benefició de unas condiciones externas favorables, como la fuerte demanda de China y Estados Unidos, los altos precios de las materias primas y el aumento de las entradas de remesas. Pero la recuperación no ha sido suficiente para revertir los daños de la pandemia, que ha empujado a millones de personas al paro y a la pobreza.

Para los dos próximos años se pronostica un “panorama difícil”, con un contexto internacional menos favorable a medida que se ralentice el crecimiento de los principales socios comerciales de la región y se endurezcan las condiciones financieras mundiales.

Al mismo tiempo, muchos de los bancos centrales de la región seguirán subiendo los tipos de interés para controlar la inflación, mientras que los gobiernos se apartarán cada vez más del estímulo fiscal.

Ante estos vientos en contra, se prevé que el crecimiento del PIB en Sudamérica alcance sólo el 1,6% en 2022. Las perspectivas a corto plazo son más favorables para América Central y, especialmente, el Caribe, donde la continua reanudación del turismo apoyará la recuperación económica.

Los mercados laborales regionales experimentaron “una recuperación parcial y desigual” con tasas de desempleo más altas y de participación más bajas que antes de la pandemia.


El COVID-19 ha dejado a muchas personas sin empleo. En la imagen, un vendedor ambulante en las calles de Brasilia, capital de Brasil.

Agência Brasil/Marcelo Camargo

El COVID-19 ha dejado a muchas personas sin empleo. En la imagen, un vendedor ambulante en las calles de Brasilia, capital de Brasil.

El mercado laboral sigue sin levantar cabeza

El estudio prevé que por lo menos los dos próximos años los niveles de empleo se mantendrán muy por debajo de los niveles anteriores a la pandemia. La participación de la población activa en Estados Unidos y Europa se mantiene en niveles históricamente bajos, ya que muchos de los que perdieron su empleo o abandonaron el mercado laboral durante la epidemia todavía no han regresado.

“La escasez de mano de obra en las economías desarrolladas está agravando los problemas de las cadenas de suministros y las presiones inflacionistas. Al mismo tiempo, el crecimiento del empleo en los países en desarrollo sigue siendo débil, en medio de un menor progreso de la vacunación y un gasto de estímulo limitado”, apunta el estudio.

Por ello, se pronostica una recuperación lenta del empleo tanto en África, como en América Latina y el Caribe y en Asia Occidental. En muchos países, el ritmo de creación de empleo no es suficiente para compensar las pérdidas de empleo anteriores.

En este contexto de escasa recuperación laboral, se prevé que el número de personas que viven en la pobreza extrema se mantenga muy por encima de los niveles anteriores a la pandemia, y que la pobreza aumente aún más en las economías más vulnerables. 


La pobreza sigue aumentando en América Latina a causa de la pandemia de COVID-19.

Banco Mundial/Mano Strauch

La pobreza sigue aumentando en América Latina a causa de la pandemia de COVID-19.

El aumento de la desigualdad es la consecuencia a largo plazo del COVID-19

Además, la recuperación completa del Producto Interior Bruto per cápita durante los próximos años seguirá siendo difícil para muchos países en desarrollo. El análisis proyecta que en África y América Latina y el Caribe se registrarán brechas de un 5,5% y 4,2%, respectivamente, en comparación con las proyecciones anteriores a la pandemia.

Estas persistentes brechas de producción exacerbarán la pobreza y la desigualdad y frenarán los avances en la consecución del desarrollo sostenible y la lucha contra el cambio climático.

Por el contrario, se espera que el PIB per cápita de las economías desarrolladas, en relación con las proyecciones anteriores a la pandemia, se recupere casi por completo en 2023.

Del mismo modo, la dispar recuperación del empleo y los ingresos entre los distintos sectores poblacionales está agravando las desigualdades de ingresos dentro de los países.  La pandemia produjo un descenso del empleo femenino, especialmente en los países en vías de desarrollo.

El apoyo al trabajo doméstico no remunerado, incluyendo como tal el cuidado de los niños, seguirá siendo un factor fundamental para ayudar a las mujeres a reincorporarse a la población activa.


Las remesas tienen un papel relevante en las economías emergentes y en desarrollo.

OIMA/Muse Mohammed

Las remesas tienen un papel relevante en las economías emergentes y en desarrollo.

Un panorama político macroeconómico variable

El limitado margen fiscal y las limitaciones a la financiación que encuentran muchos países en desarrollo siguen limitando la capacidad gubernamental de gasto relativa a la pandemia, como la ampliación de la vacunación y la protección social y el apoyo al empleo.

En paralelo, todos los bancos centrales han comenzado a retirar su intervención económica a la crisis en medio de crecientes presiones inflacionistas. Aunque es necesaria, una retirada rápida del estímulo monetario podría socavar la frágil recuperación.

Los programas de compra de activos sirvieron para hacer frente a las dificultades financieras y apoyar la recuperación durante las primeras etapas de la crisis. Sin embargo, también aumentaron las vulnerabilidades financieras mundiales y ampliaron las desigualdades económicas.

La situación fiscal y de la deuda es particularmente difícil para muchos países en desarrollo de bajos ingresos. Las cargas insostenibles de la deuda externa, el endeudamiento adicional provocado durante la pandemia y los crecientes costes del servicio de la deuda han situado a muchos de ellos al borde de una crisis de endeudamiento.

«Las autoridades monetarias de los países desarrollados tendrán que acelerar y escalonar la reducción de las compras de activos y de sus balances para mantener la estabilidad financiera, mantener bajo el coste del servicio de la deuda pública, garantizar la sostenibilidad de la deuda y evitar una consolidación fiscal prematura», subrayó Hamid Rashid, jefe de la subdivisión de Vigilancia Económica Mundial y autor principal del Informe.

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https://news.un.org/feed/view/es/story/2022/01/1502532

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